Suculenta Arbol de Jade, Crassula Portulacea

La Crassula Portulacea, comúnmente llamada Árbol de Jade, es una planta suculenta  procedente del sur de África. Esta planta, ramificada desde la base, puede alcanzar de 40 a 50 cm de altura. Sus hojas son gruesas, verdes, a veces ribeteadas de rojo, y se desarrolan sobre un tallo carnoso y marrón.

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Árbol de Jade, Crassula Portulacea



Hay variedades de esta planta con el follaje plateado o moteado de amarillo. Las diminutas flores blancas o rosadas, pueden llegar a aparecer en ejemplares viejos.

Ficha de jardinería del Árbol de Jade, Crassula Portulacea

Ubicación: como la mayoría de las plantas crasas,  esta especie necesita mucha luz y tolera el sol, pero no directo.

Temperatura: en verano le gustan las temperaturas elevadas (18 a 22ºC), pero en invierno prefiere un lugar más fresco, con 10 a 12ºC como máximo. Las temperaturas bajas le son fatales por debajo de -2ºC, por lo que en lugares fríos hay que resguardarla en invierno.

Riego: necesita muy poca agua. En verano estará bien con un riego semanal, incluso menos, y en invierno casi no necesita.

Abono: el abono ha de ser semanal de mayo a septiembre. Mejor un abono rico en potasio.

Poda: en primavera se puede reducir la altura de  las plantas y suprimir las ramas desnudas.

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Detalle de la poda de la planta

Trasplante: el trasplante se realiza en marzo, en un sustrato ligero y arenoso.

Multiplicación: en primavera y verano. Saca esquejes de tallo y déjalos rezumar antes de colocarlos en un sustrato liviano, en ambiente cálido. Trasplántalos en cuanto aparezcan las raíces.

Parásitos y enfermedades: Vigila la aparición de pulgones y cochinillas harinosas. Puede padecer una enfermedad fúngica que produce amarronamiento y secado de las hojas. Se soluciona limitando el riego y pulverizando, tanto la planta como el substrato, con benomilo.

Problemas fisiológicos:

Si las hojas se reblandecen, se pudren y se caen; a veces, se cubren de una pelusilla grisácea: el problema puede ser un ambiente demasiado húmedo o falta de luz solar.

Un ambiente demasiado cálido puede provocar la caída de las hojas en invierno.

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